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Los museos, cada vez más ecológicos

Publicado por ARQ Clarín

A finales de 2009, Lawrence Rinder, director del Art Museum and Pacific Film Archive de la Universidad de Berkeley estaba solo y abatido en un edificio abandonado, recientemente intrusado.

Estaba previsto que el edificio fuera demolido para construir una nueva sede para el museo diseñada por el arquitecto japonés Toyo Ito, pero el proyecto se abortó después de la crisis de 2008. Pero Rinder se paró en medio de la basura y al ver la luz filtrándose por las claraboyas pensó: “Esto tiene una estructura excelente para un museo y más aún, para uno que se adapte a nuestras necesidades”. Así se puso en marcha un plan para rescatar el edificio, que abrió al público en enero, reconfigurado con galerías y conectado a un agregado futurista a cargo de Diller Scofidio & Renfro.

Al reciclar el edificio, Rinder no sólo encontró una solución elegante para las necesidades de la institución, sino que también colocó a Berkeley a la vanguardia de las prácticas de construcción sustentable en el mundo de los museos. El costo de la renovación y ampliación fue de unos US$ 100 millones, mientras que un nuevo museo con diseño de Ito hubiese costado el doble.

Estas prácticas no se limitan sólo a Berkeley. Administradores y arquitectos de nuevos museos están incorporando características sustentables en el proceso de diseño, desde los techos verdes y jardines verticales, hasta pasadizos subterráneos llenos de tecnologías de ahorro energético.

Sin embargo, las necesidades de un museo no siempre son compatibles con los principios sustentables, ya que exigen estrictos controles de temperatura para resguardar las obras de arte.

El Museo Whitney de Arte Americano (foto), que se trasladó a un nuevo edificio de Renzo Piano en el Meatpacking neoyorquino el año pasado, fue diseñado para ser amigable con el medio ambiente de adentro hacia afuera. Los pisos de las galerías están hechos de madera recuperada de fábricas que cerraron en Kentucky y Nueva Jersey. El museo cuenta con una planta de cogeneración, que produce una combinación de calor y electricidad, usando gas natural. La caja del Whitney está cubierta por una piel que contribuye al ahorro energético, con cápsulas de vidrio aislante que ofrecen cavidades llenas de argón para ayudar a reducir la condensación. El vidrio, además, está recubierto por un revestimiento que filtra la radiación ultravioleta, que es perjudicial para el arte. Todas estas características aseguran que el Whitney pronto conseguirá la certificación LEED oro.

En el Broad, un nuevo museo de arte contemporáneo de Los Angeles, también diseñado por Diller Scofidio & Renfro, la galería del tercer piso está iluminada casi exclusivamente por unos 318 tragaluces. Y eso implica que el museo debe elegir cuidadosamente que se exhibe allí. “Tenemos que ser cuidadosos sobre cuánto tiempo exponemos ciertas fotografías y obras en papel”, confesó Rich Cherry, subdirector del museo.

Por otra parte, se asegura que la ampliación que acaba de inaugurar el SF MoMA utiliza un 15 por ciento menos de energía que el edificio anterior y un 30 por ciento menos de agua. La ampliación incluye un jardín vertical, iluminación led de alta eficiencia energética y la reutilización de maderas de las galerías demolidas para un nuevo espacio. La nueva fachada se realizó con materiales ligeros y se fabricó a sólo 40 millas de distancia, lo que redujo las emisiones de carbono relacionadas con el transporte.

Y otros museos más antiguos también se suman. El Toledo Museum of Art, en Ohio, ha negociado agresivamente para reducir su consumo de energía e instalar paneles solares.

Pero mientras que los paneles solares pueden ser buenos en Ohio, los visitantes no encontrarán paneles solares en el Whitney, ni en el nuevo museo de Berkeley. Además de ser antiestéticos, una pequeña asignación de paneles simplemente no generaría electricidad suficiente para hacer una diferencia. “Se necesita mucha superficie para los paneles solares, y esto es un edificio vertical,” explicó John Stanley, director de operaciones del Whitney.

Aunque los costos de los materiales y sistemas sustentables han bajado en los últimos años, todavía siguen siendo más caros que los menos eficientes. Al Broad, la iluminación led cuesta tres veces más que la halógena.

Esta nueva tendencia ha llevado a fuerte competencia entre los museos: junto con el Whitney, el Broad y el SF MoMA esperan alcanzar la distinción LEED oro pronto. Y buscan sumar créditos en la normativa con distintas armas: en el Whitney se incluyó estacionamiento para bicicletas, inodoros de doble descarga y el compromiso de utilizar únicamente productos de limpieza ecológicos. Y en el Broad podrían incluir estaciones de carga para autos eléctricos, a pesar de los altos costos iniciales de estas instalaciones.

Como concluyó John Stanley, del Whitney, “la sustentabilidad parece natural hoy, pero hace 15 años, pensar en estas cosas era extremo”.

Fuente: Clarin Arquitectura