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La increíble ciudad sustentable y futurista que se construye en Kazajistán

Publicado por ARQ Clarín

Aunque no demasiado publicitada en nuestro país, la Expo 2017 será un gran evento internacional dedicado a las “Energías del Futuro”, es decir, a la sustentabilidad y el cuidado del medio ambiente. Se celebrará entre el verano boreal del año que viene en Astana, capital de Kazajistán, y significará una gran vidriera para este país mitad europeo y mitad asiático, el noveno más grande del mundo, que durante siete décadas del siglo pasado fue parte integrante la Unión Soviética.

Para proyectar y construir las instalaciones que van a alojar a este megaevento se convocó en 2013 a un concurso que ganó el estudio AS+GG Architecture, con base en Chicago, en cuyo staff se cuenta como director de diseño el argentino Alejandro Stochetti. “Nuestro interés radicó en diseñar un master plan y edificios pensando no sólo en los tres meses de la Expo sino también en su supervivencia y uso posterior”, explica Stochetti, quien se desempeña precisamente como líder de este proyecto, que se comenzó a construir en 2014 y se encuentra actualmente en un estado avanzado de obra.

El arquitecto cuenta que, cuando visitaron la ciudad y el sitio del evento, que en rigor es un nuevo distrito vacante aún sin nombre, los impactó “la ausencia de escala humana en la ciudad”, donde la proliferación de rascacielos al estilo Dubai contrasta sin anestesia con el abigarramiento de viviendas unifamiliares. Por eso, con el ánimo de proponer una muestra de urbanismo mejor al existente, diseñaron un conjunto de 14 pabellones dispuestos en semicírculo y organizados en grupos de tres y cuatro, que pueden vincularse con puentes interiores de 6 metros y formar en el futuro un “campus” para usos flexibles. A estos espacios se le suman, según el programa, salas de eventos, teatros y museos temáticos.

Cabe aclarar que el masterplan contempla también la trama de una nueva urbanización de 174 hectáreas alrededor del programa específico de la Expo City, que ocupa 25 hectáreas de superficie circular rodeadas por un parque perimetral cuyo trazado completa el semicírculo de los pabellones. Y y que puede recorrerse con sendas peatonales y bicisendas. A lo largo de su recorrido, se disponen también varios dispositivos para la generación de energías renovables cuya función es “a la vez práctica y didáctica”, según aclara Stochetti.

“Nuestra propuesta intenta alentar a los residentes de Astana a que salgan de sus autos y a crear un ambiente urbano más densamente poblado, más sano y que promueva el encuentro comunitario en espacios públicos peatonales”, explica Stochetti. Todos estos edificios están alineados a lo largo de un Eje Cultural, mientras que un Parque Central establece la continuidad vial y urbana entre el nuevo complejo y el gran bulevar existente, una suerte de parque lineal que funciona como eje axial de la ciudad de Astana.

Pero, por otra parte, dadas la duración y la crudeza del invierno en el lugar, se procuró también dotar al complejo de espacios interiores confortables. “Las formas curvas de los edificios fueron concebidas especialmente para maximizar la superficie expuesta al sol, de modo de aprovechar todo lo posible la luz natural, y generar también calor y energía gracias a los paneles fotovoltaicos en las fachadas vidriadas”, aclara Stochetti.

Esto, según explica el arquitecto argentino, guarda relación con la metodología que el estudio utiliza para desarrollar cada proyecto, siguiendo un proceso que definen como “la forma sigue al desempeño”, parafraseando la máxima de Louis Sullivan, o dicho de otro modo, la búsqueda de un “lenguaje del funcionamiento óptimo”.

En este sentido, asegura que la expresión arquitectónica es “el resultado de un proceso que se basa en la lectura de las realidades contextuales de cada sitio, tales como el clima, topografía, circulaciones, realidad social y cultura: consecuencia de las fuerzas que se desprenden del lugar”.

El círculo verde

En el centro exacto de la Expo City se enseñorea el Museo de las Ciencias, focalizado en la investigación y desarrollo de energías renovables. Para este edificio, las autoridades solicitaron al darle una forma esférica que dialogue en forma explícita con el célebre monumento Bayterek, coronado también por una gran esfera vidriada que funciona como mirador y es el hito urbano moderno por excelencia de Astana. De hecho, ambos globos de vidrio se ubicarán sobre un mismo eje vial y visibles a lo lejos uno desde el otro a la manera, por decirlo así, del Arco del Triunfo y el de La Défense en París.

Los proyectistas definieron para el museo una esfera de unos 80 metros de diámetro, y aprovecharon para desarrollar dos atrios en sus caras opuestas que puedan “mover” el calor por convección (es decir, por diferencia de temperatura) de un lado al otro de la esfera. De este modo, este edificio es un símbolo y también la demostración práctica de lo que simboliza.


Calle interna del Museo de las Ciencias

A su alrededor se ubican en forma radial los pabellones expositivos, vinculados entre sí por una cubierta que crea y enmarca un patio interior común. Todos ellos serán adaptados después de la expo para funcionar como oficinas o aulas de la universidad pública, para lo cual se les agregarán dos losas intermedias que duplicarán su cantidad de plantas: de dos a cuatro.

Otra apuesta audaz es la del Museo de Arte, donde el parque se eleva suavemente para formar una cubierta verde. “Esto permite que no se pierda superficie parquizada, y a la vez funcionará como auditorio al aire libre”, cuenta el arquitecto. Al mismo tiempo, esta solución sirve para aislar térmica y acústicamente al museo. Además, como Astana está ubicada en una región llana y sin accidentes topográficos, la elevación propuesta genera una perspectiva desde donde poder para apreciar todo el complejo y el paisaje urbano.

Museo del Arte

Por otra parte, con el objetivo de que el museo pueda ser visitado las 24 horas del día, se incluyó también una galería vidriada perimetral para que exhibiciones pueden apreciarse a través de un muro con DVH. “Esta solución nos permite tanto para aislar térmicamente al edificio como para tamizar la luz solar”, agrega Stochetti. Como detalle adicional, la cubierta es penetrada por una pieza también de vidrio que proporciona un acceso vertical directo a las salas.

Algo más apartada, fuera del círculo de 25 hectáreas destinado a usos culturales, se erigirá la Sala de Congresos que es, de todos los edificios proyectados, el de mayor volumen e importancia institucional, tanto durante la Expo 2017 como en su uso posterior. Esta característica se ve reflejada, por ejemplo, en su acceso definido a través de un atrio de dos pisos al que se accede desde una amplia explanada monumental. Pero Stochetti enfatiza que las formas fluidas de su volumetría, acordes al lenguaje arquitectónico del conjunto y, en este caso, alusivas al vuelo del “águila dorada”, uno de los emblemas nacionales de Kazajistán, sirven como un recurso para morigerar el impacto de su escala. Es decir, para lograr introducir, al menos en este sitio, la escala humana de la que, según opinan los socios de AS+GG, adolece hoy la ciudad de Astana.

Quién es el argentino que dirige el proyecto

Alejandro Stochetti, de 42 años y egresado de la FADU-UBA, vive y trabaja en Chicago desde hace 15 años. Formó parte del legendario estudio SOM, donde participó activamente del proyecto de la torre Burj Khalifa, en Dubai (la más alta del mundo), y actualmente es director de diseño de AS+GG Architects, fundado por Adrian Smith y Gordon Gill, y del que es socio también Robert Forest.

Stochetti cuenta que, cuando Smith, ex socio de SOM, decidió en 2006 abrir su actual estudio enfocado fundamentalmente en la arquitectura sustentable, le pidió especialmente unirse a ellos. Desde entonces, Stochetti participó activamente en los numerosos proyectos AS+GG por todo el mundo, como la Kingdom Tower (o Jeddah Tower), en de Yeda, Arabia Saudita, que será la más alta del planeta cuando se complete; las torres Burj Vista, frente a Burj Khalifa en Dubái, y la torre Sydney crown casino in Australia.

 

Fuente: Clarín Arquitectura