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Haciendo Historia: Alberto Prebisc: un precursor del modernismo en argentino

Publicado por Revista Deck

Referente porteño

Creador del símbolo por excelencia de Buenos Aires, el Obelisco, Alberto Prebisch es considerado un precursor del modernismo en la Argentina. Participó activamente de la vanguardia artística porteña, expresándose, en distintos momentos, a través de las revistas Martín Fierro y Sur. El Teatro Gran Rex, su obra más reconocida, es un hito en la historia de la arquitectura moderna de nuestro país.

Nacido en Tucumán, en 1899, realizó sus estudios en la que todavía era la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires, donde la enseñanza aún estaba fuertemente influenciada por el academicismo reinante. No obstante, acontecimientos tales como el centenario de la Independencia (1916) producirían un fuerte acercamiento a España, abriendo las puertas a un nuevo pensamiento americanista.

A partir de allí comenzaría a gestarse un movimiento por parte de los estudiantes en la búsqueda de nuevos pensamientos y lenguajes, plasmados en la Revista de Arquitectura que posteriormente se conjugaría en la Sociedad Central de Arquitectos.

En este ámbito, a pocos años de la fundamental Reforma Universitaria (1918) y con una muy fuerte corriente “americanista” en boga, Alberto Prebisch se graduó en 1921 como arquitecto, a los 22 años de edad.

Paso por Europa

En 1922, realizó un viaje de formación a Europa junto a Ernesto Vautier, durante el cual se interesó por la pintura y las vanguardias artísticas europeas. Esto, sería determinante en su postura intelectual en los años posteriores.

La larga estadía en París (cerca de dos años), lo acercó al pensamiento de Unamuno, Flaubert, Valéry y Hegel, así como a los textos de Le Corbusier.

Durante esta etapa tuvo que soportar algunas penurias económicas, debiendo recurrir a su padre para solventar la estadía o a su compañero Vautier, que contaba con una mejor posición financiera.

Estas vivencias, sumadas a su entrevista con el escritor francés Paul Valéry, de fuerte contenido intelectual y esteticista, determinarían una evolución constante en el pensamiento de Prebisch, decretando su alejamiento del academicismo y el neocolonialismo, defendiendo los nuevos principios del arte y de la arquitectura moderna.

Acerca del neocolonialismo, opinaba que “no se podía seguir dignamente en el papel de simples repetidores del pasado” que había limitado a la arquitectura a “un mezquino problema de orden estético”.

Regreso a Buenos Aires

De regreso en el país obtuvo junto a su socio Vautier uno de los premios del salón de Bellas Artes con el proyecto "Ciudad azucarera”, en la provincia de Tucumán (1924). En esta propuesta intentó recrear a escala local el modelo de la ciudad industrial de Tony Garnier.

La presencia de elementos característicos del norte argentino evidencia que, además de utilizar las soluciones arquitectónicas del modernismo, quería rescatar los valores tradicionales de su país, negándose así a una simple repetición historicista que, según sus palabras, “era un empeño irracional de perseguir una tradición inexistente”.

Ese mismo año, además, Prebisch comenzó su labor en la revista Martín Fierro, donde su postura crítica y en defensa de los valores de la modernidad lo enfrentarían a fieles representantes del academicismo como Alejandro Christophersen.

Más adelante, continuaría con esta tarea de divulgación a través de su vinculación con Victoria Ocampo, con quien compartiría los ideales estéticos de depuración formal y búsqueda de la autenticidad, sintetizados en la frase "la belleza de las cosas que son lo que parecen".

Es así como Prebisch colabora en el primer número de la revista "Sur" (1931), fundada por Victoria Ocampo, donde a pedido de la escritora comenta las conferencias porteñas de Le Corbusier, que fueron publicadas bajo el titulo "Précisions". Ya en el segundo número escribe sobre Buenos Aires, señalando las falencias urbanísticas de "una ciudad enferma de amor propio".

Primera casa moderna de Argentina

En paralelo a su tarea de divulgación, logró completar el que fuera el primer paradigma de casa moderna en la Argentina, la de su hermano Raúl, en el barrio de Belgrano, hoy demolida.

En esta obra, que fue publicada en la revista alemana "Moderne Bauformen", Prebisch integra impecablemente los elementos estandardizados de las casas Citrohan de Le Corbusier, con el contraste plástico del plano ingenieril de la terraza. A su vez, consigue un auténtico matiz local, a través de la recreación de la galería, la terraza, el zaguán, el vestíbulo y la escalera, logrando un equilibrio entre la expresión técnica, funcional y formal y el aspecto urbanístico de la propuesta.

Obras más representativas

El pensamiento de Prebisch se vincularía a las nuevas posturas del modernismo a partir de su estadía en Estados Unidos, desde fines de 1933 hasta mediados de 1934. Allí, logra romper con las fuertes influencias de su formación europea y comienza a relacionarse con los conceptos de Frank Lloyd Wright y su arquitectura orgánica.

Además, la visita a diversos museos y exposiciones lo contactaron con las obras de artistas de la talla de Duffy y Siqueiros, con quienes quedó maravillado, al punto de propiciar su difusión al regresar a Buenos Aires.

Otra de las influencias significativas de este viaje fue su acercamiento a las nuevas realidades urbanísticas, que luego volcaría en su libro “Urbanismo en los Estados Unidos de Norteamérica”.

En su retorno al país le fue encargada la construcción de un monumento para la Plaza de la República, en conmemoración del cuarto centenario de la primera fundación de Buenos Aires (1536). El resultado no fue otro que la construcción del Obelisco (1936), de rasgos definitivamente atemporales y con un marcado retorno a las fuentes del clasicismo en su geometría.

Dicho proyecto, resulta imposible dejar de relacionarlo con su reciente visita a Estados Unidos, más precisamente con su paso por Washington, en pleno proceso de finalización de las obras del Federal Triangle de la capital norteamericana.

Esta fue la obra que más críticas despertó en su carrera, sobre la que prácticamente toda la intelectualidad argentina emitió radicales opiniones, tanto en defensa como en desmedro de su construcción. No obstante, la realidad y el paso de los años indican que el Obelisco se transformó en un emblema de Buenos Aires, tanto para sus habitantes como para quienes visitan la ciudad.

Al poco tiempo y a escasos metros de allí erigiría su obra mayor, el Cine Teatro Gran Rex, por el que obtuvo una mención de Honor del "American Institute of Architects". La construcción, en sociedad con el Ingeniero Adolfo Moret, demandó apenas 7 meses y su acogida esta vez fue positiva en todos los ámbitos.

En su apertura en 1937 recibió grandes elogios, como el de Victoria Ocampo desde las páginas de Sur, quien agradeció “la acción purificadora que ejercería sobre el gusto del gran público”.

El Gran Rex, fiel exponente arquitectónico del estilo racionalista, fue en efecto la aceptación de la modernidad a nivel masivo y un hito en la renovación estética en lo que se refiere a la arquitectura comercial y de espectáculos.

Careciendo en su fachada e interior de decoración y ornamentación alguna, se aleja definitivamente de las típicas salas cargadas de referencias a antiguos palacios de música europeos. Proyecta una imagen purista, enfatizando a través del innovador uso (para la época) de las transparencias, la presencia urbana de la calle Corrientes.

Prebisch en obras

Entre las más destacadas se encuentran:

Mercado de Abasto (1927). Tucumán.
Casa de Raúl Prebisch (1930). Avenida Luis María
Campos, Buenos Aires. (Demolida)
Obelisco de Buenos Aires (1936). Buenos Aires
Cine-Teatro Gran Rex (1937). Avenida Corrientes 857, Buenos Aires.
Tienda "El Emporio Económico"(1941). Propiedad de Victoria Ocampo. Viamonte esquina Florida, Buenos Aires.
Cine Gran Rex (1947). San Martín 1129, Rosario.
Edificio de oficinas propiedad del Banco Hipotecario.
Franco-Argentino (1949). San Martín 685, Buenos Aires.
Cine Atlas (1966). Actualmente Cine Atlas Lavalle. Lavalle 869, Buenos Aires.


Fuente: Revista Deck