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Confluencia entre sector privado y público y un Estado facilitador

Publicado por ARQ Clarín

"Tenemos expectativas positivas por el equipo actual de gobierno. Nos ilusionamos con la reaparición del crédito, que ya es un hecho, y también por las inversiones que pueden llegar gracias al blanqueo de capitales, pero sobre todo nos alegramos de poder tener un buen canal de diálogo entre empresarios y autoridades, que saben escuchar nuestras necesidades”, sentenció Miguel Camps, presidente de la Asociación de Empresarios de la Vivienda (AEV), en la apertura de las conferencias que organizó la entidad el jueves 2 en el marco de la feria Batimat Expovivienda + Fematec + Expo construir, celebrada en La Rural.

Con estas palabras, Camps, titular también de la desarrolladora Argencons, reflejó el estado de ánimo de todos los presentes, tanto conferencistas como público, sobre el momento político y económico actual y la visión del sector de la construcción y el real estate para los próximos años.

A continuación, Gustavo Llambías, vicepresidente de la AEV y socio de la consultora y desarrolladora RED, arriesgó que se necesitará “una década completa de trabajo mancomunado entre el sector público y el privado para resolver el déficit habitacional”, que, según afirmó, asciende a 1,2 millones de viviendas. La crudeza del diagnóstico y la voluntad de revertirlo, así como el ansia de aunar voluntades, fueron los ejes por los que se movieron tanto los representantes del sector público como el privado.

Por lo pronto, se escuchó entre los disertantes una tendencia saludable a asumir responsabilidades. “El Estado solo no puede alcanzar la gran escala, y el privado sin control estatal siempre genera distorsiones”, opinó el arquitecto Marcelo Satulovsky, director de investigaciones de la Fundación de Estudios para Desarrollos Inmobiliarios de la Cámara Inmobiliaria Argentina, extendiendo la (auto) crítica también a los empresarios.

También el director nacional de Acceso al Crédito de la Secretaría de Vivienda de la Nación Tomás Bibiloni, admitió, sin dar nombres ni trazar fronteras ideológicas, que el Estado es “muy lento para construir”, que puede fabricar “sólo 30.000 viviendas por año a través de los planes nacionales, y tarda hasta 30 meses en cada una”. Y planteó la necesidad de abrir el juego a los “sistemas constructivos alternativos”, vale decir industrializados, para reducir tanto los tiempos como los costos de obra Una inquietud cada que parece estar muy presente en la actual dirigencia.

En la misma sintonía, el director nacional de Nuevos Desarrollos de Vivienda, Marcelo Busellini, habló de pasar “del Estado constructor al Estado facilitador”, y propuso acciones concretas como “bajar los costos de la burocracia y ofrecer exenciones impositivas a los desarrolladores”. Una idea presente también por estas semanas en el discurso oficial respecto del blanqueo de capitales, en tanto sean invertidos “en la economía real” (y no en el sistema financiero).

Busellini planteó también la posibilidad de activar planes de vivienda social “para los afiliados de sindicatos o el personal de las empresas” y, destacó que el presidente Mauricio Macri haya participado semanas atrás de la entrega de la vivienda número 1.000 de un barrio en Calilegua, Jujuy, desarrollado por la azucarera Ledesma para sus propios trabajadores.

Mandatos y profecías
Lo que sí estuvo presente fue el pensamiento urbano, ya que, como es obvio, resulta imposible abordar el déficit habitacional sin medir su impacto en las ciudades o producir antes un adecuado suelo urbano. Por eso, uno de las ideas más escuchadas en las conferencias fue la de urbanizar en lugar de simplemente fabricar viviendas.

En este sentido, el director nacional de Desarrollo Urbano, Pablo Güiraldes, aseguró que el presidente Macri bajó a toda el área de vivienda el “mandato de contener la expansión sin control de las ciudades, y de poner límites en este sentido a los institutos de vivienda locales”. Para eso, anunció que ya se está creando un “registro del suelo urbano disponible en cada municipio”, trabajando para eso junto con la Agencia de Administración de Bienes del Estado (Aabe).

De esta forma, ya se están relevando ex playas ferroviarias e instalaciones militares, entre otros lotes. “En realidad, hay mucho suelo tanto fiscal como privado disponible”, aseguró, y agregó que la Aabe se tendrá que asociar a los municipios para convocar a los privados para desarrollar “barrios integrados”. Citó como un caso testigo a los barrios que ya están en obra en la ciudad de Santa Fe, destinado a quienes no pueden volver a sus hogares afectados por las últimas inundaciones.

A su vez, el máster en Gestión de Ciudades Fabio Quetlas se refirió a la situación de lo que llamó “barrios envejecidos” de Buenos Aires, como La Paternal y varios otros cuya oferta inmobiliaria y de servicios lleva décadas sin renovarse o reciclarse, y planteó que la acción privada como pública hacia ellos debería tender a “atraer a habitantes jóvenes y desarrollar nuevos consumos”. Concretamente, citó los “cambios en la composición de la familia”, que obligan al mercado a ser creativo en su oferta y al sector público a afinar su “pensamiento estratégico” sobre la ciudad.

Si alguien entre el público esperaba la receta mágica de un gurú del mercado inmobiliario, se llevó en cambio un mensaje contundente a cargo del economista Claudio Zuchovicki, gerente de Desarrollo en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, y que podría sintetizarse en la máxima “el futuro será lo que nosotros hagamos”. Según su opinión, “quien crea que la Argentina va a estar mejor el año que viene, va a actuar en consecuencia, y por lo tanto va a pasar lo que la mayoría quiera que pase”.

Lo argumentó de varias formas, pero sobre todo bajo la forma de la profecía autocumplida: “Si los desarrolladores empiezan a creer e invertir en proyectos, el resto del mercado va a seguir la tendencia y toda la economía va a crecer, con lo cual van a aparecer más compradores e inversores”. Agregó que, si bien hoy la Argentina se “vende” en el mundo como una “linda historia”, y que los humanos (no sólo los argentinos) suelen “vender humo y vivir de cuentos”, en algún momento hay que hacer de todo eso una realidad.

Más claro, imposible.


Fuente: Clarin Arquitectura